Adolf Hitler, mi amigo de juventud - August Kubizek


A la izquierda la edición de 1955 traducida del alemán por Manuel Scholz. A la derecha la edición argentina de 2014 de ediciones Sieghels, que se basa en la misma traducción.

"El joven Hitler que conocí" de la editorial Tempus, año 2010



Sobre el libro de Kubizek, el biógrafo John Toland dice:


“También es verdad que el testimonio de Kubizek sobre Hitler, ante en sus memorias como en The Young Hitler I Knew, contiene varios errores, especialmente en cuanto a las fechas. Conviene leer a Kubizek con cierta prevención; tiende a exagerar, a poner demasiado énfasis y a dejarse llevar a veces por la imaginación. Creo que casi todas las críticas de Jetzinger a Kubizek están justificadas, pero él mismo tiene propensión a dar relieve a los incidentes que hacen quedar mal a Hitler (el régimen de Hitler lo encarceló en Viena). Su bien documentado libro bebe en gran medida del testimonio de Kubizek, que a pesar de todo es la mejor fuente de información sobre la juventud de Hitler”.


El mismo Toland, sobre la posibilidad de que Kubizek escribiera un libro sobre su amistad con Hitler, sugiere que partió del mismo Hitler:


Después de examinar todos los dibujos, cartas y postales que Kubizek había traído consigo, Hitler sugirió a su viejo amigo que escribiese un libro sobre él. Por último, le estrechó la mano y dijo que debían encontrarse más a menudo”. 


Ian Kershaw utiliza también las memorias de Kubizek, pero advierte:


Las memorias de posguerra de Kubizek deben tratarse con cuidado, tanto en los detalles fácticos como en la interpretación. Son una versión ampliada y embellecida de recuerdos que el Partido Nazi le había encargado en principio reunir. La admiración que seguía profesando a su antiguo amigo condicionó su juicio, incluso retrospectivamente. Pero además de eso, Kubizek inventó claramente muchas cosas, construyó algunos pasajes basándose en la versión del propio Hitler en Mein Kampf, y llegó a bordear el plagio para amplificar su limitada memoria. Sin embargo, se ha demostrado que sus memorias, pese a todas sus debilidades, constituyen una fuente mas fidedigna sobre la juventud de Hitler de lo que en tiempos se pensó, en particular lo que se refiere a experiencias relacionadas con los propios intereses de Kubizek en relación con la música y el teatro. No cabe duda alguna de que, pese a sus defectos, contienen aspectos importantes de la personalidad del joven Hitler, muestran en embrión rasgos que habrían de ser muy prominentes en años posteriores”. 


Lo cierto es que, inventadas, exageradas, fantasiosas o lo que se quiera, todos los biógrafos recurren inevitablemente a las memorias de Kubizek. Además, no hay más testimonio que el de Kubizek sobre la adolescencia y primera juventud de Hitler. Es evidente que Kubizek (o quien le ayudara a escribir) adorna el relato y lo hace romántico. Pero, ¿qué escritor no lo hace en referencia a una añorada juventud?


Con Kubizek ocurre, además, que nunca quiso lucrarse (lo pudo hacer, tanto en la época del nacionalsocialismo como después) y, lo más sorprendente, nunca quiso hablar mal de su amigo. Un relato de un siniestro y ya asesino joven Hitler, evidentemente, habría vendido más y  hecho millonario a Kubizek. Pero el bueno de Kubizek es fiel al amigo hasta la muerte. Por eso Kershaw insiste en que Kubizek tenia una admiración hacia Hitler más o menos enfermiza. 


En España, las memorias de Kubizek fueron publicados por a editorial AHR, de Barcelona, en el año 1955. La traducción fue directa del alemán, que llevaba el título de “Adolf Hitler, mein jugend freund”, iba acompañada de fotografías, cartas y esbozos que vamos a acompañar en este blog por su interés histórico. 


Que yo sepa, no fueron publicadas después hasta el año 2010, en que lo hizo la editorial Tempus, curiosamente en una colección de “Historia militar”, por mucho que el libro de Kubizek no tenga nada que ver en materia militar. El libro contiene un infumable prólogo de Ian Kershaw y, por increíble que parezca, no contiene ninguna imagen. La edición es una traducción del ingles,  The Young Hitler I Knew”, por lo que deducimos que la traducción ha “sufrido” por tanto dos traducciones. 


En el prólogo, Kershaw subraya el hecho de que la primera traducción al inglés no estaba completa “ni resultaba una traducción completamente satisfactoria del texto alemán”. Y prosigue: “Por primera vez, los lectores tienen la oportunidad de leer el texto completo de los recuerdos que conservó Kubizek de su amistad con Hitler, una novedad que ha sido muy bien recibida”. Lo curioso es que la editorial Tempus y la traductora del inglés, Raquel Herrera, no tuvieron la precaución de leer el original en alemán, ni siquiera compararlo con la vieja edición española mencionada. Aquí alguien miente, o Kershaw o la editorial Tempus, ya que la antigua edición española tiene más texto y la traducción parece más seria. 


Kershaw es experto en difamar a Hitler. No hay manera de leer a este biógrafo sin encontrarse con malos adjetivos e intentando por todos los medios situar a Hitler en la peor de las posiciones siempre. Comienza Kershaw asegurando que Hitler siempre “abandonaba a los amigos” y que la amistad de Kubizek con el futuro canciller fue “probablemente unilateral”. Típico de Kershaw utilizar el adverbio “probablemente” para, seguidamente, no demostrar nada. Aquí se da por sentado que el lector es tonto y va a tragar lo que no puede demostrar Kershaw porque no hay manera de hacerlo. En general, Hitler no abandonaba a sus amigos ni se olvidaba de ellos. Son múltiples los ejemplos que podemos encontrar. En el caso de su amistad con Kubizek, bien cierto es, que Hitler “se esfumó” por completo sin mediar palabra. Pero su reencuentro treinta años después  demuestra que el Führer conservaba buenos recuerdos de su amigo y que la amistad, en cierta forma, no se perdió. Es más, Hitler sabía que Kubizek conservaba muchos recuerdos de aquella juvenil época y no solo no los confiscó, sino que animó a su propietario a escribir sobre aquellos recuerdos. 


¿Pero cuán valioso resulta el libro de Kubizek como fuente para conocer la vida de Hitler en Linz y en Viena? Debemos recordar que el planteamiento del libro fue un manuscrito encargado por el partido nazi”, escribe Kershaw en el prólogo. Curiosamente, en el párrafo anterior, Kershaw asegura que Kubizek “recibió el encargo directo de la dirección del partido de escribir sobre su amistad juvenil con el Führer… pero avanzaba poco”. Kershaw se contradice. Primero asegura que “avanzaba poco”, refiriéndose al encargo nazi, para después afirmar que no hay que fiarse del libro porque fue encargado por el partido nazi. En todo caso, aunque fuera un encargo del partido nazi, Kubizek tuvo muchos años para corregirlo una vez acabada la guerra y cambiado el bando ganador. 


Kershaw se vale de las declaraciones hechas por por Jetzinger para poner en duda la veracidad de Kubizek. Ya hemos visto como Toland desacreditó a su vez a Jetzinger ya que, como todos los biógrafos de Hitler, recurren a Kubizek casi sin excepción. 


Kershaw dice que “resulta imposible que pudiera recordar con exactitud lo que dijo Hitler más de cuatro décadas más tarde. Por lo tanto, las citas directas tienen que interpretarse como una herramienta literaria de Kubizek (o de su ‘negro’), en vez de como expresiones exactas del joven Hitler, aunque eso no significa que no sean declaraciones veraces de las opiniones de Hitler… algunos de los recuerdos de Kubizek parecen inventados…


Reconozco que cuando leí el libro por primera vez también puse en duda las palabras que Kubizek pone en boca de Hitler. Aunque lo que le es negado a Kubizek (la veracidad de los hechos una vez transcurridos los años) les es perfectamente acreditado a muchos testigos que difamaron a Hitler una vez acabada la guerra. El propio Kubizek, sabedor de que su relato sería puesto en tela de juicio, nos aclara en varias ocasiones el motivo de su buena memoria: “me convertí casi en un fanático de mi amigo, y este es sin duda el motivo por el que han quedado tantos detalles en mi memoria”.  En otra ocasión escribe: “Recuerdo este plan en particular con mucha claridad porque involucraba mi especialidad y yo estaba mucho más capacitado para discutir el tema de lo que había estado cuando había intentado añadir Wieland el herrero al repertorio de Wagner”. Por otra parte, Kubizek no solo tenía los recuerdos en su memoria: disponía de un buen puñado de cartas, postales y recuerdos de Hitler que, ya por sí mismos, constituyen una fuente fidedigna. El puño y letra del propio Hitler no miente. Es por eso que, a regañadientes, Kershaw acaba afirmando que las memorias de Kubizek tienen “el valor intrínseco del joven Hitler”. 


El momento culminante de las memorias de Kubizek es el referido a “La visión”, el capítulo  decimoprimero que la editorial Tempus ha traducido como “A aquella hora empezó…”. Es un episodio suficientemente conocido para cualquier estudioso de Hitler que más adelante desarrollaré. Según Kershaw, por supuesto, es pura fantasía. Y, sin embargo, de todos los episodios del libro, éste es el único que fue comentado por el autor al propio Hitler. Y el propio Hitler lo recordó a la perfección. Según Kershaw lo que hizo Hitler fue “alardear de sus cualidades proféticas” ante Winifred Wagner. Y concluye Kershaw: “Fuera lo que fuera lo que sucedió aquella noche en el Freinberg y que tanto impresionó al impresionable Kubizek, nada ‘empezó’ entonces.” Es decir, el propio Kershaw afirma que todo es pura fantasía para acabar afirmando que “fuera lo que fuera…” para terminar asegurando que “nada empezó antes”. Evidentemente, la carrera política de Hitler no comenzó a partir del famoso incidente. Eso lo sabemos todos. A lo que se refiere Kubizek, y el propio Hitler, es que fue entonces cuando el futuro Führer tuvo la intuición de lo vendría después. La propia vida de Hitler así nos lo atestigua. Prácticamente todos los planes que el joven Hitler describe a Kubizek fueron cumplidos. 


Otro episodio famoso del libro, el enamoramiento de Hitler hacia Stefanie, no pasa desapercibido por Kershaw, del que dice que “suena bastante improbable”. Es para alucinar, porque incluso en la correspondencia de los jóvenes, se refieren a la joven mediante una palabra clave. Kershaw vuelve de nuevo a Jetzinger, al parecer su única referencia negativa en torno a Hitler que ha encontrado. Y, de nuevo, Kershaw se deja llevar por su malicia cuando afirma que la joven Stefanie pudiera ser judía, aunque no lo fuera, por supuesto. Y apostilla el malicioso Kershaw que “lo irónico que resulta que el único ‘amor’ de juventud de Hitler pudiera haber sido judía sugiere al menos que el hincapié que hace Kubizek en el pronunciado antisemitismo de su amigo ya en Linz es incorrecto”. Un galimatías propio de Kershaw. 


Por fortuna, ya que es imposible demostrar lo contrario, Kershaw da por falsa la afirmación de Jetzinger de que Hitler no sufrió apenas la muerte de su madre y que no acudió a su funeral. Esta patraña no la puede sostener ni el mismo Kershaw, claro. 


       En próximas entradas se harán comparativas entre las dos traducciones y se extraerán los párrafos más interesantes del famoso libro de Kubizek. 

3 comentarios:

  1. Ola tocayo!!! llevo leyéndote desde hace años pero hoy me he atrevido a escribirte porque estoy muy ilusionado con la noticia de que vas a hacer una saga de articulos de la juventud de Hitler.
    El libro de august Kubizeck me lo he leido decenas de veces sobre todo el capitulo "la visión" para mi ese capitulo demuestra que Hitler era un semidios, esa noche de verano tras presenciar una opera de Wagner Hitler y august subieron una montaña en plena noche y August pudo ver con sus ojos como Hitler empezó ha hablar solo con otras entidades y cuando bajaron de la montaña august vio como su amigo habia cambiado.
    Carl Gustav Jung fue a un mitin del partido nazi en los años 30 y cuando escucho a Hitler vio que estaba dominado por unos impulsos fuera de lo normal
    Aunque para mi la prueba final es haber sobrevivido al atentado del 20 de Julio de 1944 ya que la bomba le estallo justo al lado y a Hitler no le paso nada , tan solo leves rasguños, la explicación científica es que la pata de la mesa era de madera gruesa y la metralla impacto en la pata de la mesa y el techo de la cabaña de madera se abrió y Hitler salio volando por los aires debido a la onda expansiva, pero la explicación científica no me la creo y la veo muy rebuscada ya que una onda expansiva también te puede matar.

    Un saludo y un abrazo!!! admiro mucho tu labor y tu paciencia por leer a Ian kersaw XD y admiro tu valentia

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    1. Hola tocayo. El libro de Kubizek siempre me pareció bello. Yo tenía una antigua edición, que menciono, y no me preocupé de comprar la que editó Tempus. Pero recientemente la compré y observé que había bastantes diferencias en la traducción.

      En realidad iré publicando los pasajes que me han parecido más interesantes y los contrastaré con la antigua edición.

      ¿Qué edición leíste tú? Porque creo que no existen más que las que he puesto. Corrígeme si me equivoco, pero he buscado por internet y no encuentro más ediciones en español.

      Gracias por visitar el blog.

      Saludos

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  2. Pues la edicion del libro de kubicek que tengo es la de editorial solar aunque por la red circulan versiones en pdf y no nota grandes diferencias con el libro en papel.Afortunadamente creo que en este libro el sistema no ha matido la mano.

    Otros pasajes muy interesantes son el amor platonico que Hitler sentia por estefania y como la seguía por los caminos de linz mientras ella paseaba con sus hermanas, por desgracia Hitler nunca le declaro su amor porque estefania pertenecía a la pequeña burguesía y Hitler era pobre.

    Otro pasaje muy llamativo es cuando Hitler en viena empezó a conocer a los judios y estudio la forma de ser de este pueblo.

    Un saludo Tocayo!!!

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